Ven a mí...

Ven a mí ahora, ya... Te prometo una velada inolvidable, entreverada de quimera, pasión y fantasía.

Ven… y beberemos juntos de la copa del placer, ya lo verás.

Comprobarás que puedo ser el elixir supremo de tu boca…, que puedo ser la fruta jugosa que derrame su ambrosía más íntima a puro fuego y exaltación.

Te haré cosquillas con mi suelta melena… te desmayaré a besos… devoraré tu lengua y tu miembro… deslizaré la lava ardiente de mi saliva por sobre toda tu anatomía, hasta que la locura te acometa por todos los rincones.

Ven y lo sabrás… Te regalaré mi cáliz ardiente una y otra vez, hasta que nos fusionemos de tal modo que seamos un solo cuerpo…

¿Vendrás…?


Quédate a mi lado

Amor mío,

quédate a mi lado

susurrándome al oído.

No te alejes de mis sueños.

Cada día y cada noche

sé mi dueño.

Abrázame muy fuerte,

fundamos nuestros cuerpos

en ardiente hoguera.

Ansío ya tus labios

horadando mi piel

en cada milímetro.

Siénteme toda tuya

con ardoroso fuego

en éxtasis final,

amándonos sin frenos

libres y eternos,

fugitivos de la vida,

en un solo vaivén

del deseo.

Ya sabes que te quiero

y que por tu amor…

vivo y muero.

Deleite

¡Ahora sí! Mmmmmmm… ¡Te tengo!

Te rodeo con mis labios, te introduzco en mi boca, llevándote a dar un paseo por los recovecos de mi caverna caliente y húmeda.

Te saboreo, te cato… bajo el latigazo de mi lengua te pierdo… mientras tanto, absorbo tu dulce sabor.

¡¡¡Ahhhhh!!! Mi deleite crece al ascender esa deliciosa sensación a mi cerebro… ¡¡¡Qué placerrrr!!! Cierro los ojos, para disfrutarte lenta… pausadamente… pero mis ansias son inaplacables.

Ahora que eres mi presa no te dejaré escapar. Te succiono, te saboreo, haciéndote más pequeño al cabo de pocos instantes.

Ya casi te desintegras… estás a un tris de desaparecer… por fortuna, en mi bolsa queda aún un caramelo más.


(Locuras surgidas durante un régimen estricto para adelgazar)

Humo y cenizas

El aroma a incienso invadía la habitación, se colaba por el resquicio de la puerta y aromatizaba lentamente... la adormecía y la transportaba hacia atrás, hacia deliciosos recuerdos.

Quiso desviar el curso de su pensamiento, sin embargo no opuso la debida resistencia y su mente empezó a girar en un túnel de sensaciones plenas, de instantes de éxtasis y de placer... cerró los ojos...

Estaban juntos en ese cuarto de hotel. Él quitaba una a una las prendas femeninas, con tal descarada lentitud que provocaba un efecto inversamente proporcional en su excitación y en pocos minutos la dominaba a pleno, la doblegaba.

La urgencia tomó el control de sus acciones y ya no podía seguir posponiendo el momento del clímax, pues estaba al borde de enloquecer....

Sonó el móvil,
que los cogió por sorpresa; la nublada razón de la mujer le decía que no atendiera... poco duró la sinfonía que interrumpía ese preludio orgásmico, que ya resultaba doloroso para ambos...

La ceniza hizo equilibrio unos minutos sobre el extremo del incienso, luego cayó deshaciéndose bajo su propio peso, salpicando el platito dispuesto en su base. A esa altura, ya el sopor se había adueñado totalmente de Inés, dándole una nueva perspectiva de los acontecimientos.

Sin embargo, no podía dejar de girar hacia atrás mientras sus sensaciones se impregnaban de las cenizas perfumadas que caían, que caían y la hipnotizaban...

Esa llamada telefónica duró solamente dos rings; Esteban se apresuró a acallarla, con la misma rapidez con que pretendió acallar la urgencia de Inés...

Una voz desconocida preguntaba por Esteban Recondo. "Habla él mismo, qué sucede?", decía su voz al teléfono, incrédula al principio, asustada y perpleja luego.

"Le hablo del Sanatorio Pérez. Le quería avisar... su esposa tuvo un accidente... necesitamos su autorización para operarla..."

"¿Qué pasó?, por favor...!", rogaba Esteban, y esperó mientras le contaban rápidamente acerca de un choque en la ruta. Escuchaba sudoroso, empalideciendo repentinamente, abrazándose, ocultando sus pene ahora fláccido bajo las sábanas.

La expresión de Inés era un enorme signo de interrogación, y lo miraba fijo a los ojos, suplicando una explicación... Su vista iba del móvil a su faz; de su rostro a su cuerpo desnudo, que tiritaba.

Al colgar, él le contó tartamudeando lo sucedido y se mesaba el cabello con desesperación; Inés lo observaba con tristeza... tristeza por él, tristeza por la esposa inconsciente, tristeza por ella misma... pobre títere desnudo adúltero que sólo pedía una noche de placer... pobre muñeca despojada de ropas que necesitaba un poco de calor, un poco de comprensión.


El sexo... ah, el sexo sólo era una excusa para llenar sus noches vacías. Y corroboró que él nunca abandonaría a su esposa, quien se debatía entre la vida y la muerte, y hacia quien Esteban corría velozmente, vestido con las prendas de la culpa, y olvidado ya de esa noche de hotel; Inés no significaba más que eso: un momento pasajero como el humo mismo.



Safe Creative #0810031049905

Horas extras

(Él) Hoy tuvimos un día muy ajetreado en la empresa. Continuamente sonando el teléfono y pidiéndome alguna tarea más. ¡Quiero irme ya a casa! Pero justo cuando empiezo a recoger mis cosas, te veo entrar a mi despacho.

(Ella) Te saludo sonriente, pues veo que no ha sido un buen día para ti. “Traigo estas carpetas, a pedido del jefe… me dijo que las ojearas mañana a primera hora”.

(Él) Cuando te veo entrar tan deslumbrante, mi cansancio se evapora al instante. “Gracias, mañana las veré”, te digo guiñándote un ojo y apoyándolas sobre el escritorio. Te invito a sentarte, pero en un torpe descuido mío, desparramo todos los papeles…

(Ella) Me apresuro a inclinarme para recogerlos y tú también lo haces. Nos reímos infantilmente y me dices “¿Todavía queda mucha gente en el edificio?”. “Sí, bastante. Hoy parece ser un día interminable…

(Él) Veo el brillo inequívoco de tus ojos y, osadamente echo llave a la puerta. Me observas y sé que recuerdas aquel encuentro que tuvimos hace ya bastante tiempo. Me miras y sonríes…

(Ella) En tu actitud decidida, descubro que el instinto despierta en mí, y decido seguirte el juego. No creo que te atrevas a nada, sabiendo que afuera hay empleados trabajando aún.

(Él) Dejando los papeles abandonados en el piso, me acerco a ti y te tomo por la cintura. “Desafiemos el peligro”, te digo, pero no te dejo responder, porque mi boca ya está sobre la tuya.

(Ella) Sin saber cómo me dejo convencer, respondo a tus solícitos besos. Con fuerza, despejas de un manotazo la superficie del escritorio y me subes a él. Mi falda breve te facilita el trabajo… ya no soy consciente de los pasos apresurados en el pasillo exterior.

(Él) ¡Cómo me gustas! Despiertas en mí todos los demonios con tu natural sensualidad. Te deseo y quiero que tú también me desees. Veo que lentamente te dejas cautivar por mis arrumacos y mis besos.

(Ella) Tu experticia en juegos eróticos me asombra una vez más. Logras que la locura me invada y te arranque la ropa, tirándola al suelo, sobre los papeles.

(Él) Mi sexo está ardiendo, nena”, te digo. Y no dudas en besar a mi fiel compañero de batallas, volviéndolo totalmente tieso y enardecido.

(Ella) No sé cómo logras enloquecerme así… aun sabiendo el riesgo que corremos. De repente, oigo calmarse los pasos allí afuera… se están retirando todos y apagando las luces. “Ya no hay tiempo, debemos salir o nos dejarán encerrados”, te digo con repentino apremio.

(Él) ¡Qué inoportuno!”, me quejo. No tengo más remedio que vestirme apresuradamente y reunir los elementos dispersos en el previo instante de locura. Me cuesta abrochar mi abultado pantalón, pero en pocos minutos logramos recobrar un aspecto presentable e inocente.

(Ella) Retoco rápidamente mi peinado y mi maquillaje y te pido la llave para salir, un tanto confundida y ruborizada.

(Él) A la salida no te me escaparás”, sentencio. Y luego de dejar el despacho ordenado, te tomo la mano buscando la puerta de salida principal. “Taxiii!!”, grito ya en la calle. Es una pena que aquí no nos permitan hacer horas extras…

Fiesta en La Hoguera

La habitación está en completo silencio. Aún no ha comenzado la fiesta... Aguardo a que lleguen mis invitados, entretanto dispongo los adornos decorativos, distribuyo las copas sobre la larga mesa, alrededor de la gran torta alusiva...

Busco entre mis CDs alguna música suave para acompañar mis sensaciones, que ya están despertando... Ya casi es la hora!

Oigo un coche detenerse en mi portal. Risas y tacones que se acercan. Llegan los primeros, muy puntuales: Yedra y Yago tomados del brazo, Encantadora de Demonios con un vestido muy escotado, Susy de la mano de Jose el taxista, guapos y felices.

Sendieva con una preciosa sonrisa y su cabello ondulado lleno de brillos... la tierna Natacha me regala flores... Embrujada, siempre tan dulce, trae bombones para todos.

Cálida Sirena, con un hermoso collar de perlas que resalta su natural sensualidad; Reina luciendo un minivestido negro y altos tacones; Dulce con una mirada de satisfacción que delata el momento íntimo vivido antes de venir... ¡qué bellas se las ve!

También entran "ellos", los galanes... Max, Protos, Mr. Bonkei, Hydro, Don Juan de Marco, Touchè, Tsuki, Catman, con sus trajes de gala, saludando gentilmente a las damas, que siguen llegando.

Patry Gold, Belita, Arkantis visten unos bellos modelos exclusivos que resaltan sus armoniosas figuras. Susana se escapó de La Cueva exclusivamente para asistir, y aquí viene con esa sonrisa cautivadora.

Indra accede del brazo del Poeta Santiago; Blue, de la mano de Tigris. Cemanaca con su chico se acerca a los presentes, saludándolos con cordiales besos. Mary, Belén y Lydia no podían faltar, tan elegantes y fragantes de juventud. Cada uno va tomando su copa...

Lolita y el Profesor caminan tímidamente, pero al poco tiempo se unen a las risas de los demás. Salvador Pliego tiene reservado un bellísimo poema para recitar a medianoche. Virginia y Hernán, acompañados por Malena, dispuestos a disfrutar de la velada, con miradas sonrientes.

Rebelde y Mentes Sueltas hacen su ingreso junto a Amie y Pantera Blanca, quienes dejan sus leves abrigos en el perchero, descubriendo sus bellos hombros... AriaDna, con su vestido vaporoso, del brazo de Kaisser, qué sexies! Medea, Verbo, Susy y Sensaciones Encontradas se reúnen a compartir sus tragos y risas con Toro Salvaje, El Adorador, Belmar y Yardan.

Oh, ahora que las veo... Diana, M@r, Danielle y Morena ya están bailando sensualmente sobre el piano de cola, copa en mano...

Mmmmmm... creo que estamos casi todos... Entran otros ángeles y demonios, que siempre son bienvenidos a mi hoguera, y hoy especialmente a mi festejo. Le bajo el volumen a la música para dirigirme a todos:

-Amigos míos, les doy las gracias profundamente... por haberme acompañado durante este año... por haber mantenido encendido el fuego de mi hoguera y por continuar avivando la pasión en cada letra, en cada susurro... Alcemos nuestras copas y brindemos por la amistad!

-Por la amistad!!! -corean todos. Se oye el chinchinear de cristales y se apuran los tragos...

Todos bebemos el champagne helado... la música se renueva, contagiando el ritmo entre los asistentes. Y comienza el baile, estalla la fiesta.







A todos mis amigos les digo -además de "gracias"- que no se olviden de llevarse este pequeño souvenir que Rebecca les obsequia con mucho aprecio...

Brillo de luna

"El cuarto estaba oscuro... Belita dormía desnuda entre las sábanas, su cuerpo tendido y diáfano, sus nalgas hermosamente vestidas de sudor... me acerco y dejo que una de mis manos recorran la desnudez suave y fragante... que me invita a probar el sabor de su piel... y mi lengua se acerca a sus nalgas y las dibuja con suma delicadeza. Belita despierta y mirándome a los ojos..."


(Así comienza esta fantasía de Don Juan de Marco, que a su pedido, Rebecca continúa con las siguientes líneas...
)


Una cálida corriente despierta a Belita, con una suavidad extrema. Abriendo lentamente los ojos, ronronea... y luego de mirar por un instante los ojos de su amante, simula volver a dormirse. Sus sentidos quieren entregarse a aquel juego apasionado que con suma lentitud despierta una a una sus células.

Con sus nalgas húmedas por el recorrido que Don Juan ha marcado con su lengua, gira sobre su espalda, tendida con placidez. Lo insta a continuar su paseo por la tersura de sus piernas, por la suavidad de su vientre que, poco a poco, se enciende.

Sonríe, como si un mundo placentero ocupara sus sueños, entretanto va perdiendo ese relax al que fuera sometida en su previo momento onírico. Intenta permanecer laxa, pues disfruta enormemente de los besos del hombre, sin embargo, la urgencia la invade y comienza a responder a los estímulos.

Don Juan contempla embelesado la transformación del cuerpo de Belita... sus pezones se erizan, sus labios dibujan un rictus de deseo... gotas perladas riegan sus ingles. Busca a tientas el miembro de su hombre y lo acaricia, lenta, muy lentamente... Aún conserva los ojos cerrados, pues teme que el sueño se desvanezca.

Fundidos en un abrazo, sus cuerpos se compenetran, se huelen, se reconocen. La noche apenas comienza y ha traído un manojo de deseo que ha derramado sobre sus pieles, desde el fulgor más íntimo de las estrellas. Brilla la luna... fulguran sus ojos... y la pasión ya es una sola, única, imperecedera, voraz...


(Fantasía de Don Juan de Marco, dedicada a Belita)

Desnudas su alma, desnudas su cuerpo

Desnudas su alma

te adentras en ella

percibes sus ojos

y su suspirar.

Despacio te acercas,

quieres conquistarla

sutil coqueteo

le hace temblar.

Rendida a tu encanto

fluye entre tus brazos

saborea tus besos

tú absorbes su sal.

Desnudas su cuerpo

ebrio de fragancias,

tu boca la busca

bebes su humedad.

Miradas certeras

lenguas enlazadas

tu sexo en el suyo

su piel en tu mar.

La noche serena

estalla en el pecho...

desnudas su alma

se abraza a tu paz.

(Dedicado a El Adorador y a su musa inspiradora)

Estallando juntos - Se dejan deshojar

Mundo sensual y ternura

que acompañan tu mirada

me cautivan.

De miel son tus besos,

de seda tus manos

que me inspiran.

Lienzo blanco es mi cuerpo

que tus pinceles de fuego

ardor incitan.

Tatuado en mi piel

húmeda de pasión

en mí vibras.

Loco torbellino interior

tus sentidos seduce

mi pasión anima.

Inquieta lengua un volcán es,

que me consume

con lascivia.

Mi locura es... tu locura,

estallando juntas...

en la cima.

( Rebecca 20 - 03 - 09 )


Juegan tus sentimientos

con la brisa

y lenta, muy lentamente

se dejan deshojar

como las flores .

Y pierdes

en tus deseos

las razones,

lo mismo que

juegan en tu cuerpo

las pasiones .

Y en tu desear

siempre más,

está el sentido

de que mis labios

llenen tus anhelos

y mi lengua

que arde como fuego

encuentre el camino prometido.

Comienza a sentir,

no te resistas,

y funde tu piel

junto a la mía

y sintamos

que nada hay en la vida

más allá,

de estas sensaciones .

( Mr . Bonkei 26 - 03 - 09 )


(Ensamble poético creado en conjunto con Mr. Bonkei)

Dormir desnuda






Amo dormir desnuda.
Amo sentir el roce suave de las sábanas de raso deslizándose sensuales sobre mi piel.

Pliegues sedosos me acarician, me envuelven, me protegen.
Imagino que son tus manos, que recorren cada rincón de mi ser en mis noches solitarias, esas noches en que tardo en conciliar el sueño por pensar en ti, al recordar tus dulces besos.

Acaríciame una vez más... ahuyenta mis temores... regálame tu paz...

Déjame anidar entre tus velas ancladas en el mar de mi pecho, reinventando la magia de la noche, sintiéndote aquí... en el propio centro de mi corazón y de mi mente...

Amo dormir desnuda, pero a tu lado. Y hoy estoy sola bajo estas sábanas de seda.

Mi Amo

Aquella noche viajamos juntos. Sólo estábamos tú y yo en ese compartimiento vacío del tren, sin embargo quisiste tomar asiento a mi lado.


Ya te había visto otras veces subir al mismo vagón abarrotado de viajantes, y cruzar nuestras miradas. Una breve inclinación a modo de saludo en las últimas ocasiones hizo crecer ese magnetismo que ya no pasaba desapercibido, al menos para mí.

Tu fuerte presencia masculina me envolvió mágicamente y fue animando uno a uno mis sentidos aletargados. ¡Esa sonrisa cautivadora! Sí, tu sonrisa… era capaz de hacer revivir las piedras del desierto, y mi inicial timidez se fue diluyendo.

-Linda noche, ¿verdad?- me dijiste.

-Pues sí, el cielo está totalmente estrellado- balbuceé.

-Mira la luna, qué redonda está- y diciendo esto te inclinaste sobre mí para señalarla.

Aspiré tu suave aroma a loción y cerré los ojos por un instante para disfrutarlo. No quería que te percataras de aquella sensación. No todavía.

-No nos presentamos… Soy Francisco.

-Y yo… Pamela- te extendí la mano. El contacto con tus dedos erizó mis vellos y una agradable electricidad me recorrió.

¿Cómo disimular aquel efecto? Jamás había vivido un momento como aquél, aunque sí había soñado con algo así, sin embargo no estaba preparada para afrontarlo con total dominio de mi ser. Estaba turbada… y tú lo sabías. Me gustaba descubrir que eras seductor, viril, amable, atento, educado… Mi mente volaba cerca de esa gran luna llena.

-Eres tan bella como tu nombre- me dijiste amablemente y yo no supe qué decir. Un simple ‘gracias’ hubiese bastado, pero me quedé muda, permitiendo que tus ojos me continuaran hipnotizando.

Miré mi reloj. Ya casi había llegado a destino, sólo me quedaban unos pocos minutos de viaje.

-Yo bajo en la próxima estación, ¿y tú?- me dijiste.

-¡Oh, qué casualidad! Yo… también- ¿sería casualidad o lo habías adivinado por mi ansiedad mal disimulada?

Llegó el momento de descender. Las calles estaban iluminadas por las luces del cielo, testigos de aquel galope enloquecido de mi corazón, y las recorrimos en silencio, sintiéndome insólitamente segura a tu lado, a pesar de que fueras un perfecto extraño para mí.

Hablamos de cosas banales, inciertas, que ya no recuerdo. Sin darme cuenta, había recorrido un largo trecho y ya estaba ante el portal de mi casa. Ninguno de los dos sabía gran cosa del otro, pero ambos descubrimos un contacto mágico, inexplicable, misterioso.

Convinimos en encontrarnos para compartir algún café y te anoté mi teléfono. Ya casi había recuperado el dominio de mí misma, cuando al tomar el papel, cogiste deliberadamente mi mano, obligándome a mirarte directo a los ojos.

-Escribiré mi número sobre tu espalda, voltéate- me ordenaste… y yo obedecí.

Con la yema de tu dedo comenzaste a dibujar, uno a uno, aquellos números… partiendo de mi nuca y continuando hacia abajo, a lo largo de mi torso, cuyo contacto me quemaba a través de la blusa. Una cosquilla sensual me acometió y me hizo vibrar, aflojando mis piernas y haciendo caer las barreras de lo políticamente permitido.

Supiste en ese instante que estaba entregada y que el deseo fluía a raudales por todos mis poros. No pude impedir que apoyaras tu cuerpo sobre mi espalda y me abrazaras… y en ese abrazo me susurraste al oído si podías ser mi Amo.

-Sí, sé mi Amo.

-¡Grítalo!

-¡SÉ MI AMO!

-Dilo otra vez- me exigiste.

-¡TE DESEO, MI AMO! Quiero... ser... tu... esclava…

Y allí mismo, en la calle de mi vivienda nos besamos. Me regalaste un beso dulce, sensual, apasionado, tormentoso, interminable, deliciosamente húmedo y profundo… a la vez que entrábamos en la casa.

Antes de quitarme la ropa, ya estaba totalmente excitada y desesperada por que me hicieras el amor, pero también sabía que el proceso apenas se había iniciado y te había designado amo y señor… Me sometería pues a ti, en una instancia en que jamás había sentido tanto deseo doloroso, tanta urgencia ni tanta humedad.

Fuiste un amante exquisito. Felino y delicado a la vez, tierno y salvaje. Transitaste con tu boca toda mi anatomía, de un modo excesivamente pausado, formando círculos sobre mi piel, desesperando aún más a la poca razón que me restaba. Me hiciste el amor como jamás me lo habían hecho antes… las luces de mi mente estallaron encandilando mi prudencia y mi conciencia, y ya no pude ni quise dejar de ser tu esclava.

Hoy, mientras viajo en el tren, te recuerdo y te espero… La próxima estación es la tuya…



(¡Gracias por el video, Touchè!)

Bésame

Bésame hasta morir.
Siente el roce de mis labios
húmedos de deseo.
Explora mi boca con tu lengua
deja que saboree tu aliento.

Embriágame...
derrama tu dulce saliva.
Hazme consumir a fuego lento,
funde tu sabor al mío...
sacude mis silencios.

Quítame la exhalación
con un ardiente beso.
No habrá nada más
que nuestras bocas...
Un voluptuoso universo.



VideoPlaylist

Orgasmo


Fuego lento que avanza
se expande al centro
y su universo entero quema.

Prodigioso, inexorable,
de la razón se apodera
desatando febril tormenta.

Conjunción de cuerpos,
miembros, sudores, alientos,
entremezclados como pócima
que enlaza cielo e infierno.

Lenguas que se agitan,
sexos que se funden,
orgasmo que estalla
como muerte lenta.

Y un suspiro profundo
ruge de las entrañas satisfechas
dando paso al arco iris
de una pasión perfecta.


(Dedicado a R. y su novia)

Genial ilustración del autor de "Presunción creativa"

Entre helechos y magnolias

(Texto conjunto escrito entre Sandro y Rebecca)


(Sandro) Tras una mañana agotadora me dispongo a descansar, ya que debo abrir el vivero a las 17 horas, aunque aún hay tiempo. Son apenas las 14:30… Me mojo el pelo, lavo mis manos y mi cara, y en eso escucho un golpe en el portón del local. Pregunto “¿Quién es?”, y una figura sensual ingresa…

(Rebecca) Entro tímidamente al lugar, y descubro una tierna fragancia a rosas que me invade y me invita a recorrer sus largos pasillos. Allí te veo bien dispuesto, con escasa ropa debido al intenso calor que hace en el ambiente, mi corazón se acelera y trato de disimularlo, pero te digo: "Hola, estoy buscando unos helechos para adornar mi jardín", con voz balbuceante, sin dejar de mirar tus brazos musculosos que me atraen inevitablemente.

(Sandro) No comprendo por qué te dejé entrar, ya que soy cuidadoso de mis horarios, pero algo en tu presencia me impulsa a hacerte pasar a ver las plantas. Hace mucho calor, y aprovecho para regarlas mientras descubro cómo disfrutas olfateando mis flores. Nuestras miradas se cruzan y yo espero que me preguntes algo… pero nada, tú sigues recorriendo lentamente los pasillos.

(Rebecca) Estoy confundida en medio de aquel paraíso de aromas, que entremezclan las fragancias de las flores con nuestro propio sudor. Las plantas me acarician al pasar, y me dejo llevar por un vaivén de los sentidos que me hace estremecer. Te miro a los ojos sin decir palabra… asaltada por una sed repentina.

(Sandro) Te acercas y me pides tomar agua de la manguera. Te ofrezco un vaso, pero sonriendo me dices que no es necesario, que así está bien. En ese momento, mojas tu remera y resaltan tus pechos, que ya no sólo están brillosos por tu sudor… Trato de dirigir mi vista hacia otro lado, pero ya has visto despertar mi mirada lujuriosa y te digo: “¿Viste algún helecho que te interese?

(Rebecca) Ruborizada hasta el cabello, intento cubrir mis senos que se han erizado súbitamente, girando hacia otro sector. "Disculpa", te digo y me alejo, pero me sigues con amabilidad, intentando ayudarme a secarme. Tu contacto aviva mi corazón, y ya no puedo ocultar mi palpitar, al ver que tu cuerpo responde a mi estímulo.

(Sandro) Con un impulso, te conduzco al sector de las fresias y empiezo a acariciarte… espero tu desaprobación, pero veo que no estás enojada…

(Rebecca) No sólo no estoy enojada, sino que mi excitación crece al compás de tu respiración jadeante, que me enloquece y me alienta a darte mi consentimiento.

(Sandro) Dejo tus pechos al descubierto, provocando a mis flores que celen de tu belleza. Te los beso suavemente y bajo mi mano hacia tu sexo buscando aliviar tu deseo. Me miras… sonríes…

(Rebecca) Sin pensar, me dejo llevar por tus caricias. La humedad me invade y me invita a hacer locuras. Tú también sonríes, esperando que dé un paso más…

(Sandro) Te miro sugerente, diciéndote: “¿Puedo…?

(Rebecca) Sin responderte, vuelvo a besarte, a recorrer tu cuello con mi lengua ávida de sensaciones plenas y de un mundo de desvaríos...

(Sandro) Te beso hasta quedar sin aliento, sintiendo cómo tiemblas de manera rítmica, sin dejar de acariciar tu sexo. Tu mano me empuja hacia abajo y allí voy… comienzo a degustarte locamente.

(Rebecca) Siento que el delirio me acomete y tú sigues frenéticamente lamiendo el centro mismo de mi propio placer, hasta que enloquezco y te aparto. "Ohhh, ya no aguanto más!", le digo a tu pantalón a punto de romperse.

(Sandro) Tu mano toma mi sexo y siento estallar. No queremos más rodeos. Te digo: “Hagamos el amor”.

(Rebecca) Te empujo detrás de las ramas fragantes de magnolias. Elevo mi pierna derecha por sobre tu cintura y me embistes. Tu miembro penetra fácilmente y me dejas sin aliento, mientras degusto mi propio sabor, que ha quedado impregnado en tus labios.

(Sandro) Te poseo repetidamente, con una necesidad briosa capaz de ahuyentar todos los pudores. Con una mirada satisfecha, me observas cuando llego al orgasmo… Caminamos por todo el vivero para recuperar lentamente el aliento. Ya son casi las 16:30 y me doy cuenta de que no podré abrir así!

(Rebecca) Riendo tontamente como niños, pero satisfechos como animales que han logrado saciar sus apetitos, nos miramos divertidos. Yo te digo: "Encantada de conocerte, soy Rebecca".

(Sandro) Y yo, Sandro. Espero que te gusten mis helechos”. Nos acomodamos nuestras ropas y me dispongo a abrir el vivero, no sin antes volver a besarte locamente.

(Rebecca) "Volveré", te dije con un guiño. Y partí moviendo sensualmente mis caderas. Un tiempo después comprobé que había olvidado mis helechos, pero eso ya no me importaba. Ahora tenía una excusa para regresar...

(Sandro) Veo que en tu tarjeta me dejas tu número con un mensaje: “Despiértame mañana… quiero oír tu voz”.

Especial... Día de los enamorados


Mi adorado taxista, ven… recordemos juntos aquel encuentro revelador.

Obsérvame con lascivia, como aquella tarde en que subí a tu taxi con mi falda diminuta, envuelta en un halo de afiebrada y ambigua inocencia.

Voltea tu espejo retrovisor y volverás a ver la insinuación de mis curvas, mis largas piernas que te llevarán a un viaje frondoso y húmedo, donde todas las caricias puedan confluir en un río interminable de placer.

Tus dedos enredados en mis rizos me hurgarán con deseo y experticia al descubrir que no llevo prendas íntimas… harán detonar el flujo de mi manantial, y salvajemente, perderé noción de espacio y tiempo entre tus brazos, una y otra vez. Entre tus labios, entre tu dulce saliva y tu aliento...

Como tigre que atrapa a su presa, salta al asiento trasero del coche e hinca tus suaves garras en mi piel, fusionándola con la tuya, convirtiéndome en tu cena y en tu postre.


Amor mío, bebe de mí y yo comeré de ti…
susúrrame al oído y yo cantaré a tu corazón…
acaricia mi pubis y yo besaré tu trono…


Te acompañaré en cada viaje y en cada turbulencia apasionada, pues aquel día en que me otorgaste licencia preferencial de taxi, decidí ser tuya para siempre.


Dedicado a Susy y Jose, en el Día de San Valentín

(y a todos los enamorados... haced de éste un día especialmente memorable... ;)

Beneficios

Amigos, habrá que probar si es verdad que el sexo es tan terapéutico ;)

Vosotros qué opináis?


Atención personalizada

Una tormenta inesperada me obligó a cambiar de planes. El vuelo que debía partir del Aeropuerto de Porto Alegre, Brasil, el día lunes a las 07:08 PM se fue demorando, y con mi equipaje a cuestas y sin hotel donde hospedarme, me vi obligada a deambular, resignada, por los enormes pasillos atestados de turistas malhumorados.

Decidí entonces que aquel traspié no malograría mis vacaciones y, luego de haber guardado mi enorme maleta en una gaveta de seguridad, me dirigí al centro comercial adyacente. Ya me quedaba poco dinero disponible, pero nada me impedía ojear un poco los coloridos escaparates.

Frente a una de esas tiendas me detuve. Un joven y sonriente vendedor me observaba desde adentro. Un simple guiño de su parte fue decisivo para hacerme entrar al local. Me maravilló saber que era bilingüe y que podía hablarme en un enrevesado pero comprensible español, lo suficientemente claro como para guiarme en mi supuesta compra.

Le pedí que me mostrara algún minivestido para una fiesta. Diligente y con su eterna sonrisa, sembró el mostrador con hermosos modelos que según iba trayendo, decía que destacaría mi figura femenina y sensual. Yo no podía quitar mis ojos de sus musculosos brazos bronceados… Tomé algunas de las prendas y me dirigí al probador.

El hermoso joven esperaba paciente detrás del cortinado, y yo le iba mostrando uno a uno cómo me quedaban aquellos vestidos que acariciaban mi piel, despertándola, seduciéndola…

Su sonrisa crecía al verme girar atrevidamente, ayudando a abrochar mis botones, acomodando algún pliegue inexistente, levantando mi cabello en un supuesto peinado en alto para observar el efecto.

Yo quería seguir probando los encantadores modelos, consciente del efecto que aquello producía en él. Me estaba divirtiendo en ese momento en que los demás turistas blasfemaban por haber perdido su vuelo…

Repentinamente, nos habíamos quedado solos. Fue como si el mundo externo hubiese desaparecido y las luces se extinguieran. En aquel pequeño recinto, apenas podía moverme, sin embargo la perspectiva del espejo me permitía observar su atenta espera… y comencé a demorar mi salida. El joven musculoso trataba de espiar hacia el interior. “¿Todo bien, señorita?”, me decía… y yo, sonriendo para mis adentros, decía que no, pues se me había atascado la cremallera.

¡Oh, tan atento fue conmigo! Me ofreció inmediata ayuda y lo invité a ingresar al probador, en el mismo instante en que descuidadamente, dejé caer los breteles, quedando totalmente desnuda ante su mirada atónita.

El espejo de pared se empañó en pocos segundos, en un crescendo proporcional a nuestros jadeos y gemidos. Su inquieta lengua se movía en un ritmo similar al de mis ansiosas manos… y tras unos momentos se detuvieron todos los relojes, mientras culminábamos juntos en un glorioso orgasmo.

He guardado el vestido que finalmente compré… aún conserva su aroma y su sudor…

Y yo conservo la sonrisa por haber obtenido una atención estupendamente personalizada ;)


(Dedicado a Mary)

Ven a mí

Ven a mí ahora, ya... Te prometo una velada inolvidable, entreverada de quimera, pasión y fantasía.

Ven… y beberemos juntos de la copa del placer, ya lo verás.

Comprobarás que puedo ser el elixir supremo de tu boca…, que puedo ser la fruta jugosa que derrame su ambrosía más íntima a puro fuego y exaltación.

Te haré cosquillas con mi suelta melena… te desmayaré a besos… devoraré tu lengua y tu miembro… deslizaré la lava ardiente de mi saliva por sobre toda tu anatomía, hasta que la locura te acometa por todos los rincones.

Ven y lo sabrás… Te regalaré mi cáliz ardiente una y otra vez, hasta que nos fusionemos de tal modo que seamos un solo cuerpo…

¿Vendrás…?


Despedida de soltera (Versión completa)


Las chicas estaban preparando la despedida de soltera para su queridísima amiga Paola, y decidieron no privarla ni privarse de nada. Todas coincidieron en que sería una sorpresa para la agasajada.

El night club ofrecía servicios especiales para fines como ése, que incluían el servicio de mesa, disk-jockey, decoración del salón, y show a cargo de un stripper.

Brenda, la organizadora del evento, tenía en sus manos un álbum con fotos increíbles… fotos de los bailarines… debía escoger sólo a uno para ese día… estaba pasmada mirando sus cuerpos musculosos, con mínimas prendas de vestir, que destacaban sus atributos físicos envidiables… A medida que pasaba las páginas y contemplaba en detalle los brazos bien contorneados, sus facciones masculinas, los imaginaba bailando al compás de la música sensual, quitando una a una sus ropas, mirándola con el mismo deseo que ella…

De pronto se inmovilizó frente a uno de los sensuales modelos que yacía recostado exhibiendo su cuerpo perfecto… vio que la imagen se transfiguraba y desde allí, él la miraba provocadoramente, llamándola con el dedo, invitándola a ingresar a la sala de fotografía.

Los ojos de Brenda eran como dos soles, y su asombro no paró de acrecentarse… en pocos segundos más estaba formando parte de la escena, mirándolo incrédulamente a su lado, mientras él le acariciaba el cabello sensualmente, aumentando el calor que ella sentía. Le tomó el rostro y la comenzó a mirar con una sonrisa que intentaba mostrarse ingenua, pero que le traspasaba la carne, endurecía sus pechos y precipitaba su ritmo cardiaco.

Satisfecho por la reacción, deslizó mínima… lenta… suavemente… la punta de sus dedos por el cuello de Brenda, por el lóbulo de su oreja, por el surco de su escote. Ella no podía impedir dejarlo actuar… había cedido a sus sentidos y no quería dar lugar a la razón… porque si se hubiera detenido a pensar, hubiera comprobado cuán imposible era todo aquello.

Lo único que coordinaba su mente era “relájate y goza”… era una situación extraña, orgásmica, sensacional… Y comenzó a gozar. Sus quejidos excitaron al modelo, quien comenzó a quitarle la ropa con desenfreno a la vez que la recorría con la abrasadora lengua. Ella tomó una copa de bourbon que encontró sobre una mesilla y la olfateó. Su fragancia la mareó un tanto, pero de todos modos se animó a beber un sorbo… luego derramó con lentitud sorprendente el resto de la bebida tibia sobre sus pechos, su vientre, su vulva, sus piernas… incitándolo a beber a él también.

No se hizo esperar… no se hizo rogar… la locura también lo invadió, y la bebió por completo, circundando con su lengua de fuego sus duros pezones y deslizándose hacia el ombligo… pero lo mejor de todo sucedió entre las piernas… esa fragancia a vino mezclada con olor a hembra lo llevaron a rodear su clítoris y a elevarla al cabo de unos instantes al deseado orgasmo…

Brenda curvó su cuerpo con un gemido liberador mientras él seguía lamiéndola… hasta que ella ya no pudo más y rogó, suplicó que la penetrara, que la hiciera suya…

Sus gritos y jadeos llamaron la atención del representante del night club, quien le preguntó a la acalorada muchacha si se encontraba bien. Ella lo miró, sorprendida, saliendo de aquel trance, con un álbum caído entre sus piernas, ruborizada y agitada… Quizás no fuera conveniente que se hiciera cargo de la operación… le diría a otra de las amigas que se ocupara del asunto… entretanto, había decidido disfrutar del show cuando llegara el momento de la despedida. Ahhhhhhhhh...!!!!!!!!


Safe Creative #0805090649463


Viaje compartido (I)


Solitaria me encuentro, hilvanando pensamientos perdidos que, inútilmente, he decidido dejar atrás. Pensamientos que vuelven una y otra vez, envolviéndome con sutileza y melancolía.

Es en ese momento que encuentro la agenda telefónica que había extraviado hace unos días. ¡Me había vuelto loca buscándola! Tengo que llamar urgentemente a un cerrajero, y allí lo busco.

Mientras mis dedos recorren las páginas con avidez, mi índice se detiene casualmente sobre tu nombre. Mi corazón comienza a palpitar exacerbado, entiendo que por el estado de sensual somnolencia en que me encuentro… entonces los recuerdos me invaden.

Recuerdo cuando todos los días nuestras miradas se cruzaban en la terminal de ómnibus. La tuya no era una mirada cualquiera, sino voraz… que me hacía bajar los ojos tímidamente. Subíamos al mismo colectivo cada tarde, con nuestros respectivos uniformes de trabajo, emanando una embriagadora loción corporal, única, intensa…

Recuerdo aquel día en que ascendiste primero y te ubicaste en un asiento del lado del pasillo. Yo subí varios pasajeros después y me dirigía hacia el fondo del coche, cuando al pasar a tu lado me tomaste con fuerza de la pantorrilla… sólo la sujetaste unos instantes, los suficientes para invitarme a un contacto mayor e imponerme tu osadía.

Mi rubor fue repentino y suficiente para que supiera que tú mandabas… casi sigo de largo… sin embargo me atreví a sentarme a tu lado turbadamente, mirando por la ventanilla hacia la calle para aplacar mi acelerado corazón que retumbaba confundido e intrigado.

No despegabas tus ojos de mí, me hacías sudar de vergüenza y de placer contenido, hasta que iniciaste una banal conversación. De a poco me fui soltando y hablamos de nuestros trabajos, de dónde vivíamos. Cerca, por supuesto… aunque tú siempre bajabas antes del ómnibus. Yo conocía tu itinerario pero tú no sabías el mío, por eso debió haber sido que deslizaste un pequeño papel con tu número telefónico entre mis cosas, que descubrí días después.

Quedamos en compartir algún café con canela, o una gaseosa, para conocernos más, encuentro que aún no hemos podido concretar. Me destinaron a otra sección de la empresa, y mi recorrido ha cambiado. Ya no te volví a cruzar en el colectivo, sin embargo hallé una semana más tarde el papel arrugado donde habías escrito tu teléfono. Tu número y tu nombre: Marcela.

Ahora que leo tus datos en mi agenda –que transcribí luego yo misma- titubeo acerca de si llamarte o no… Todo aquello implícito en nuestras miradas quedó flotando como una nube incorpórea, plagada de deseo por lo prohibido. Yo, la hipnotizadora de hombres, dejándome hipnotizar por una mujer… no entra en mi razón.

Empero, algo más fuerte que mi juicio me empuja y cojo el teléfono… una oleada de excitación comienza a recorrerme y te llamo. Sé que a estas horas estás en tu casa, y sé que vives sola… mis dedos comienzan a discar tu número…

(continuará…)

Love Test