Insaciable

Hoy déjame a mí... seré yo quien convierta en realidad tus deseos más íntimos...

No pienses, no actúes, sólo permíteme incursionar en tus pliegues, en tus aromas, en tus sabores. Seré exclusivamente tuya, y no te arrepentirás de haberme cedido el control.

Beberé cada gota de tu aliento, exploraré cada milímetro de tu piel con mi lengua, con mis dedos. Siénteme, así... ya lo vas experimentando?

Haré honor a tus sentidos, te llevaré a un mundo de desvarío del que no querrás jamás renunciar... y cumpliré... ya lo estás sintiendo, verdad?

Pues a mí me halaga que me dejes convertirme en tu geisha, sólo tuya, para que me disfrutes y grites de placer como jamás antes lo habías hecho. Porque tu placer es mi placer... te bebo, te exprimo, te succiono hasta dejarte casi exánime, y me pides más.

Porque yo te he convertido en insaciable... no lo sabías?

Noche lluviosa

¿Dónde estás, amor mío? Busco a tientas en la oscuridad de esta noche lluviosa y sólo hallo sombras… sombras que lo único que hacen es profundizar mi soledad y mi desdicha. Necesito capturarte entre mis brazos, necesito que me acojas entre los tuyos y me transportes hacia esos momentos placenteros donde supimos estar inmersos… en un ayer no tan lejano… ¿sólo pasó un día...?

¿Te acuerdas de anoche, cuando volvíamos de estudiar, saltando charcos porque había llovido torrencialmente? Nuestras risas se mezclaban con el agua enlodada que salpicaba nuestras ropas… nos habíamos ensuciado tanto que no parábamos de reír… la ropa se nos adhería al cuerpo, húmeda, pegajosa, resaltando mis formas impúdicamente… Me mirabas con amor, con avidez, con ternura… veía tu deseo y tu cerviz sudorosa que me invitaban a mojarme más y más…

Ya estábamos en un estado lamentable –las miradas de los transeúntes nos aseguraban que era así, sin dudarlo-, pero no nos importaba… nos amábamos y nos amaríamos siempre (fue una promesa, ¿lo recuerdas?).

Yo había comenzado a estremecerme de frío, y tú quisiste cubrir mis hombros con tu suéter empapado, y no paramos de reírnos, más, y más… nos frenamos en seco en un callejón oscuro y nos besamos. Me comiste la boca, literalmente… te la comiste toda, me dejaste sin aliento, con el sabor de tu lengua entremezclado con el mío... y con el deseo a flor de piel, con mi ropa mojada, tiritando de deseo y de frío… deseo que dejamos pendiente para el día siguiente. Y aquí estoy esperándote... me punzan las ganas...

Ven ya mismo, mi amor… te amo, te deseo, te necesito… completemos el siguiente capítulo… y el próximo… y el siguiente también… terminemos el libro juntos. ¿Tú me necesitas, amor?



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Un regalo para Rebecca

Hazme tuyo


Apasionada Rebecca mía,
soy tu vasallo, tu fiel servidor,
mujer que desatas en mi locura
los secretos más inconfesables,
los ardientes deseos más apasionados.
Hazme tuyo, por una vez,
déjame beber de tu dulce miel
enloquéceme con tus devaneos,
con tu sensualidad, con tu palpitar de mujer,
pues en mis sueños estás...
lubricando mis sentidos,
trastornando mi piel
imagino tus besos de fuego,
un torrente de caricias,
un loco deseo... de recorrer tus curvas,
tu destello... tu alma... tu ser.
Regálame tu trono,
siénteme en tu interior,
hazme el amor, Rebecca mía
una y otra vez...
seductora, ardiente, golosamente
en tu fuego me quiero perder.


Muchas gracias por el poema, Erotikus. ¡Gran honor me has hecho!

Bocados de pasión

Esa mañana Celeste se dirigió al supermercado más grande de su ciudad, donde sabía que encontraría la variedad de elementos que necesitaba. Hizo una larga recorrida por los pasillos, con total tranquilidad, mientras seleccionaba cuidadosamente todo lo que formaría parte de esa velada especial. Era su primer aniversario de bodas.

Se había vestido y maquillado sensualmente, ya que quería prepararse por completo desde el inicio del día, sin dejar detalles librados al azar y haciendo partícipe a cada uno de los poros de su piel… todo debía resultar perfecto, y su disposición y su ánimo acompañaban cada movimiento.

Una vez de regreso, inició el mágico ritual…


Celeste era muy buena en la cocina, mas en esa ocasión se luciría como nunca desgajando frutas, batiendo masa dulce y salada, machacando almendras, desmenuzando ingredientes de enigmáticos olores y sabores, decorando y ambientando el lugar. Pero especialmente disfrutando de cada minúsculo pormenor.

Tomó un prolongado baño de burbujas, impregnó su piel con aceite de rosas, coloreó sus uñas de carmín y sus labios, de fresa rutilante. Y calzó sus tacos rojos.

Julio se sorprendió al llegar, pues las luces no estaban encendidas. Extrañado, apoyó el ramo de rosas que traía sobre una mesa y llamó a Celeste. Estaría quizás haciendo alguna compra pequeña, no tardaría en volver…

Llegó al comedor atraído por agradables aromas entremezclados y allí la encontró. La mínima llama de las velas apenas alcanzaba para distinguir los detalles, y pronto él adaptó su visión a la estancia en penumbras.

Sobre la mesa, extendida en toda su largura estaba ella. Si no hubiera sido por los triángulos de jamón y ananá que revestían sus pezones… si no hubiera sido por las frutillas almibaradas que palpitaban golosas sobre su ombligo… o por las trufas de almendra y miel que formaban un corazón sobre su pubis… o por los atrevidos bocaditos de roquefort que mimaban su vientre y su escote… si no hubiera sido por el bermellón de sus zapatos… hubiera podido decir que estaba totalmente desnuda. Y con un brillo felino en la mirada.

Él completó la decoración trayendo las rosas y acariciándola con ternura, buscó su boca húmeda, que se abría como pétalos sensuales para su hombre. Su lengua no podía ser más exquisita…

Con la botella de champagne que goteaba sudorosa entre los cubos de hielo y que acababa de descorchar, Julio regó sutilmente los pocos centímetros de piel que quedaban descubiertos… la noche recién comenzaba y le hicieron los honores, bebiendo y comiendo juntos de esa bandeja inolvidable de goce y de pasión.


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La película

Yo te vi, desgraciado... te vi cómo la acariciabas.
Me detuve un momento, asombrada... quise gritarte pero lo pensé mejor y decidí quedarme muy quieta contemplando lo que le hacías a esa mujer. ¡Cabrón de porquería! ¿Cómo te atreviste?

Mmmmm.... y ella parece disfrutar. Ay, nooo, no lo puedo creer! La estás besando como hacías conmigo, pasándole la lengua como si fueras un perrito bebiendo su leche. Y yo aquí mirando todo en detalle.

Pero ahora le estás acariciando los pezones! Ufffff... se le están poniendo duritos, se le notan a través de la blusa. Pero si no trae sostén la maldita! Mala mujer! ¿Cómo se atreve?

Me estoy conteniendo de ir a abofetearlos... pero no. Prefiero quedarme observando. Después de todo, me gusta, me excita. ¡Le estás quitando la blusa! Es desesperante, cómo lo haces tan lento? A mí me desesperabas cuando lo hacías así, pero parece que a ella... le gusta. Claro, con esa cara de puta mal hecha! qué va a hacer sino...!

Y ahora imagino lo que se viene... le vas a meter la lengua, los dedos... desgraciado cochino! Ay, pero no... ella te avanza ahora. Sacó algo del bolsillo, que no alcanzo a ver.... Mmmmm, me acerco otro poco, no quiero que me descubran. Pero no veo nada todavía... qué es? supongo que un preservativo. Claro, tiene miedo de que estés apestado, puerco miserable! Seguro que estás apestado, no es cierto? Y después me piensas contagiar tus chancros y tus ladillas! Ay, pobre de mí!

Grrrrrrr, estoy a punto de explotar! Una mezcla de bronca y deseo contenido. Una ensalada de excitación y furia... ya vas a ver cuando te tenga para mí sola... no te asombres de lo que te pueda suceder, más ahora que la estás dejando que te masturbe. Puta y reputa, que se roba lo que es mío...

No puedo seguir mirándolos... debo correr urgente a un sanitario. Me acabo de mojar mis bragas, no tengo que mirar películas condicionadas. No escarmiento más...

La muerte de Rebecca


Tendida en la cama, yacía Rebecca, como hacía ya tiempo, sola...

Mientras, las horas se sucedían con lentitud. Una maraña de pensamientos furtivos la acosaba... aquellos besos de miel, que habían quedado grabados a fuego... aquellas caricias, que incendiaban su piel... aquel sudor que parecía inagotable, que se expandía por todo su cuerpo...

Su sexo otrora húmedo había derramado la última gota en el lago de la tristeza y la desilusión. Ya nada quedaba de ese fuego intenso que la había hecho gritar de placer... sólo hipos angustiosos y lágrimas escarchadas. Sólo recuerdos desdibujados, remembranzas heridas... cantos de pájaros moribundos...

Rebecca no despertó esta mañana. La encontraron tendida entre sábanas mustias y arrugadas, completamente desnuda, con una copa vacía a su lado... con velas consumidas hasta la base... su mueca de tristeza quedó con ella, que ya nadie pudo quitarle.

Poseída

Estoy sentada frente al ordenador, totalmente desnuda… ya sé, no estaba así hace un rato, pero decidí hacerlo de este modo ya que el calor que siento es excesivo.

No he podido dejar de pensar en ti, y en todas las promesas inconclusas, esos momentos que quedaron suspendidos en el aire de nuestros pensamientos.

Esperé largamente tu llamado. Estuve mucho tiempo conectada, impaciente, para tener comunicación contigo, fumando un cigarro tras otro…

Y me has recompensado. Aquí llegas… me encuentras en este estado de pleno calor voluptuoso, con mi entrepierna húmeda de tanto pensar en ti y no lo dudas ni un instante.

Untas tus dedos con mi néctar y los saboreas con los ojos cerrados. “¡Delicioso!”, me dices… la locura ya se apodera de ti y me tomas en brazos con tus labios prendidos de mi pezón.

Ufff, qué calor hace aquí! La noche promete, acaba de comenzar a caer un leve rocío sobre la hierba del jardín, pero no me importa. Sobre el césped depositas mi cuerpo y comienzas a amarme, a besarme, a poseerme de un modo felino, así como a mí me gusta, haciéndome enardecer aún más.

El rocío comienza a tornarse llovizna… es lo único que podrá aplacar el fuego de mi hoguera, pero sólo después de dar rienda suelta a mis sentidos, embriagada totalmente de ti, llena del poder de tu falo henchido y deseado, que supo poseerme una vez más…


La nueva cortesana



En el palacio persa del Gran Daray se celebraría una fastuosa fiesta de máscaras, a la cual acudirían las doncellas más bellas del reino, con el objeto de elegir a su próxima cortesana.

Todas las muchachas del pueblo se habían engalanado con sus mejores prendas y utilizando una máscara para ocultar su identidad, intentarían despertar la lujuria del rey, famoso por ser considerado insaciable sexualmente. Utilizarían las mejores armas de seducción de que fueran capaces, pues la competencia era feroz entre ellas, y sólo una sería la premiada.

Bajo los ricos vestidos que las cubrían, había algunas sorpresas preparadas… Jazmín había tatuado su entrepierna con una serpiente dorada… Azul había adherido bellas mariposas de color sobre sus ardientes senos… Surena tenía un cinturón de cadenas que tintineaban a su paso… Cloe llevaba atado a la pierna un par de pañuelos de seda…

Al iniciarse la velada, todos comieron los manjares que se les ofrecían y bebieron copiosamente hasta perder noción del tiempo y del espacio, pero no del objetivo principal. El Gran Daray quitaba lentamente, uno a uno los velos que cubrían los cuerpos de las sensuales muchachas… al llegar a las mariposas de Azul, las arrancó con los dientes, dejando al descubierto una areola rosada, totalmente apetecible para cualquier lengua, y decidió probar su sabor rodeándola muy despaciosamente, untando sus pezones con miel de sus propios panales, absorbiéndolos, degustándolos… pero luego de unos minutos, decidió que no eran de su agrado… y se volcó a la siguiente ninfa.

Atraído por el sonido de las cadenas de Surena, se acercó a ella y las quitó con fuerza, lamiendo con ansiedad su ombligo y su vientre liso. Sin embargo, los perfumes y aceites con que ella se había impregnado no satisfacían su olfato… y desechó su compañía.

A continuación, hechizado por la serpiente dorada de Jazmín, se acercó a ella y circundó con su lengua la vulva rosada y jugosa que se abría como una fruta desgajada y plena de sabores, bebiendo de las mieles dulces de su cáliz, catando su sabor salvaje femenino… pero éste no fue suficiente para él, y sin titubeos, la hizo a un lado también.

Temiendo ser descartada también, Cloe quitó sus prendas con lentitud, desató sus pañuelos y se acercó atrevidamente al Gran Daray, rodeando su cuello por detrás con sus sedas. Bailaba sensualmente al ritmo de las melodías del palacio y giraba en torno de su señor, moviendo sus caderas y exhibiendo su cuerpo armonioso.

Pasó su lengua por el lóbulo de la oreja del rey, bajó por su cuello… marcando un camino húmedo en ese recorrido, luego continuó jugueteando con su lengua por la boca experimentada de su señor, y ató por detrás las manos del rey con sus pañuelos de seda… El no opuso resistencia, estaba embelesado por la seducción de que era objeto, y comenzó a sentir los placeres que la joven le prodigaba.

Cloe quitó las prendas inferiores del rey y lamió su bálano y sus testículos a pleno, masajeando al mismo tiempo sus nalgas, arañando su espalda, provocándole las mayores delicias en su cuerpo, mientras los demás concurrentes la miraban excitados.
Lo absorbió hasta que lo trastornó.

Ya todos sabían quién había sido la vencedora, la que sería elegida como nueva cortesana del reino, esa mujer caliente que no dudó en desatar la lujuria entre todos los presentes y en su propio rey, que ya en ese momento había perdido el dominio de sí y bañaba su rostro con su abundante esperma… tras el tremendo orgasmo que había tenido, a la vista de todos.


Con una mirada triunfal, Cloe se quedó con el Gran Daray a pasar el resto de la noche en sus aposentos, esperando continuar lubricando los sentidos de su señor…



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Junto al mar

Esta noche junto al mar me acordé de ti...

Caminaba por las arenas blancas y húmedas, marcando mis huellas, dejando volar mi imaginación... recordé ese anochecer cuando me hiciste tuya bajo las palmeras, a la bella luz de la luna que acababa de asomar, riéndose cómplice de nuestros movimientos.

El cielo azulado nos acompañaba en ese vaivén de las olas, y tus manos me acariciaban al compás del canto lejano de los grillos... yo movía sensualmente mis caderas y tú me mirabas con los ojos inundados de pasión. Comenzaste a quitar mi bikini mientras me besabas. Tu lengua se había anudado a la mía, y había comenzado un recorrido voluptuoso que adormecía mi razón, lentamente... el lóbulo de mi oreja primero, el hueco de mi cuello luego, mi pezón después... me fueron poniendo en clima.

Pero -obviamente- no te bastó. Seguías recorriéndome con tu húmeda lengua en un ósculo sin final. Mi vientre se arqueó abriéndose para ti, yo separaba mis nalgas sobre la manta, derramando mi néctar, que goteaba lenta y sensualmente... te supiste abrir paso en un camino tan conocido ya por ti, sabiendo el efecto que me producías. No te dejé seguir... sabía que si te dejaba que me instaras al clímax, ya se me nublaría totalmente la razón y no podría brindarte un preludio yo también...

Así que me incorporé, interrumpiendo tus besos de fuego y te bebí con fruición... llené mi boca y mi lengua de tu dulce sabor... ayudé a que tu pene se hinchara hasta el sumum de lo deseado, y recién en esa instancia te permití volver a beber de mi propia miel...

Fue tal tu éxito en esta incursión que estallé a pleno, arqueándome totalmente y centrando mi fuego en mi vientre de ninfa ardorosa, niña que destella hambrienta cual mariposa deseosa de volar más lejos... mi orgasmo te dejó perplejo, y te acoplaste perfectamente a mis curvas, en una sinfonía de vaivenes, besos, jadeos... oh, mi amor! quiero más! más! más! más!!!!!...

Hasta que al fin, exhaustos de placer, nos abandonamos al relax merecido... quedamos satisfechos con la noche, con el cuerpo, con el sentimiento a flor de piel.



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Prisionera de tu fuego

Por la ventana te veo venir despreocupadamente, caminando por las calles anchas, con tu mochila al hombro y tu paso sensual, provocador… A medida que te acercas, mi corazón retumba más y más, no puedo evitarlo, y decido salir a tu encuentro.

No hay transeúntes en esa tarde gris, sólo unos pajarillos parados sobre los alambres que cercan los campos y los caballos descansando a la sombra. Tarde de siesta, quietud total, aroma a cerezos. Pinceladas desparejas en el cielo que se entremezclan con algunos leves rayos del sol. Y nosotros dos...

Me ves llegar con mi sonrisa rebelde, con mi breve falda, con la curva de mis senos destacando impúdica, pero rodeada de un halo de inocencia que sé que te hace sudar de placer. Sonríes, sonrío, me tomas fuertemente de mis cabellos y bebes de mi boca haciéndome erizar las pelusas de la nuca, mientras con la otra mano recorres mis curvas con placidez, haciendo presión en esos lugares que solo tú conoces tan bien.

Sin hablar me llevas de la mano a un montículo de heno que hay tras la caballeriza… el silencio de la siesta es profundo y no tememos que alguien nos descubra. Siento tu olor a jabón en tu piel suave, tu aroma a loción de pino, tu fragancia a hombre que me excita, y en este punto ya no hay vuelta atrás… soy prisionera de tu fuego y de tu carne… no dejo de escuchar el galope de mi corazón, que me dice que avance, que no hay testigos de aquella lujuria a punto de detonar.

Bajo lentamente la cremallera de tu pantalón, e introduzco mis dedos para liberar la presión que llevas allí dentro y acariciarte. Pero tú empujas mi cabeza, me indicas sin decirme qué deseas… y yo ahogo mis quejidos entre tu miembro, circundo con mi lengua tu zona más caliente y siento tus vahídos, que me obligan a apurar el siguiente paso…

Saboreo tu falo fibroso y sonrosado un largo rato, con un placer extraordinario… tal vez sean los aromas de la primavera los dulces instigadores de aquella dedicación… pero al cabo de unos momentos quiero también recibir mi ración merecida y te miro suplicante, tentadora…, busco enroscar tu lengua en la mía para sugerirte desde la intimidad de nuestras bocas que sacies mis deseos.

Quitas mi minúsculo top y miras mis senos sin sostén, los acaricias con la parte inversa de la mano… ese contacto de tus uñas y tus nudillos provocan un aumento en mi corriente sanguínea, y logras que mis pedúnculos apunten directo a tu boca, invitándote a un rodeo lingual.

Pero si tu lengua ejerce un trabajo considerable, tus manos retozonas tampoco descansan… buscan el camino a mi caverna voluptuosa, a mis labios vaginales que ya se han inundado… la corona de mi gineceo se infla como un capullo con tu contacto, y tus dedos entran…, salen…, entran…, salen… ahhhhhhh!

Ya no puedo esperar… ¡ahora!, ¡ya!, ¡dame ya!, ¡quiero más!..., necesito tu pene friccionándome hasta acabar…

Pero no quitas tus dedos ni sueltas mis pezones con tu lengua, y yo… ya… no sé… quién… soy…


Apoyado del otro lado de la tranquera, el peón observa cada detalle, cada intención de placer, cada explosión orgásmica… Ah!, con razón cada vez que paso me mira largamente, me desnuda con los ojos, me recorre de pies a cabeza, me come con la mirada… ¡Pero si yo no hago nada malo! Sólo reafirmo mi amor y mi deseo… una vez más…


Ven a mí...

Ven a mí ahora, ya... Te prometo una velada inolvidable, entreverada de quimera, pasión y fantasía.

Ven… y beberemos juntos de la copa del placer, ya lo verás.

Comprobarás que puedo ser el elixir supremo de tu boca…, que puedo ser la fruta jugosa que derrame su ambrosía más íntima a puro fuego y exaltación.

Te haré cosquillas con mi suelta melena… te desmayaré a besos… devoraré tu lengua y tu miembro… deslizaré la lava ardiente de mi saliva por sobre toda tu anatomía, hasta que la locura te acometa por todos los rincones.

Ven y lo sabrás… Te regalaré mi cáliz ardiente una y otra vez, hasta que nos fusionemos de tal modo que seamos un solo cuerpo…

¿Vendrás…?


Quédate a mi lado

Amor mío,

quédate a mi lado

susurrándome al oído.

No te alejes de mis sueños.

Cada día y cada noche

sé mi dueño.

Abrázame muy fuerte,

fundamos nuestros cuerpos

en ardiente hoguera.

Ansío ya tus labios

horadando mi piel

en cada milímetro.

Siénteme toda tuya

con ardoroso fuego

en éxtasis final,

amándonos sin frenos

libres y eternos,

fugitivos de la vida,

en un solo vaivén

del deseo.

Ya sabes que te quiero

y que por tu amor…

vivo y muero.

Deleite

¡Ahora sí! Mmmmmmm… ¡Te tengo!

Te rodeo con mis labios, te introduzco en mi boca, llevándote a dar un paseo por los recovecos de mi caverna caliente y húmeda.

Te saboreo, te cato… bajo el latigazo de mi lengua te pierdo… mientras tanto, absorbo tu dulce sabor.

¡¡¡Ahhhhh!!! Mi deleite crece al ascender esa deliciosa sensación a mi cerebro… ¡¡¡Qué placerrrr!!! Cierro los ojos, para disfrutarte lenta… pausadamente… pero mis ansias son inaplacables.

Ahora que eres mi presa no te dejaré escapar. Te succiono, te saboreo, haciéndote más pequeño al cabo de pocos instantes.

Ya casi te desintegras… estás a un tris de desaparecer… por fortuna, en mi bolsa queda aún un caramelo más.


(Locuras surgidas durante un régimen estricto para adelgazar)

Humo y cenizas

El aroma a incienso invadía la habitación, se colaba por el resquicio de la puerta y aromatizaba lentamente... la adormecía y la transportaba hacia atrás, hacia deliciosos recuerdos.

Quiso desviar el curso de su pensamiento, sin embargo no opuso la debida resistencia y su mente empezó a girar en un túnel de sensaciones plenas, de instantes de éxtasis y de placer... cerró los ojos...

Estaban juntos en ese cuarto de hotel. Él quitaba una a una las prendas femeninas, con tal descarada lentitud que provocaba un efecto inversamente proporcional en su excitación y en pocos minutos la dominaba a pleno, la doblegaba.

La urgencia tomó el control de sus acciones y ya no podía seguir posponiendo el momento del clímax, pues estaba al borde de enloquecer....

Sonó el móvil,
que los cogió por sorpresa; la nublada razón de la mujer le decía que no atendiera... poco duró la sinfonía que interrumpía ese preludio orgásmico, que ya resultaba doloroso para ambos...

La ceniza hizo equilibrio unos minutos sobre el extremo del incienso, luego cayó deshaciéndose bajo su propio peso, salpicando el platito dispuesto en su base. A esa altura, ya el sopor se había adueñado totalmente de Inés, dándole una nueva perspectiva de los acontecimientos.

Sin embargo, no podía dejar de girar hacia atrás mientras sus sensaciones se impregnaban de las cenizas perfumadas que caían, que caían y la hipnotizaban...

Esa llamada telefónica duró solamente dos rings; Esteban se apresuró a acallarla, con la misma rapidez con que pretendió acallar la urgencia de Inés...

Una voz desconocida preguntaba por Esteban Recondo. "Habla él mismo, qué sucede?", decía su voz al teléfono, incrédula al principio, asustada y perpleja luego.

"Le hablo del Sanatorio Pérez. Le quería avisar... su esposa tuvo un accidente... necesitamos su autorización para operarla..."

"¿Qué pasó?, por favor...!", rogaba Esteban, y esperó mientras le contaban rápidamente acerca de un choque en la ruta. Escuchaba sudoroso, empalideciendo repentinamente, abrazándose, ocultando sus pene ahora fláccido bajo las sábanas.

La expresión de Inés era un enorme signo de interrogación, y lo miraba fijo a los ojos, suplicando una explicación... Su vista iba del móvil a su faz; de su rostro a su cuerpo desnudo, que tiritaba.

Al colgar, él le contó tartamudeando lo sucedido y se mesaba el cabello con desesperación; Inés lo observaba con tristeza... tristeza por él, tristeza por la esposa inconsciente, tristeza por ella misma... pobre títere desnudo adúltero que sólo pedía una noche de placer... pobre muñeca despojada de ropas que necesitaba un poco de calor, un poco de comprensión.


El sexo... ah, el sexo sólo era una excusa para llenar sus noches vacías. Y corroboró que él nunca abandonaría a su esposa, quien se debatía entre la vida y la muerte, y hacia quien Esteban corría velozmente, vestido con las prendas de la culpa, y olvidado ya de esa noche de hotel; Inés no significaba más que eso: un momento pasajero como el humo mismo.



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Horas extras

(Él) Hoy tuvimos un día muy ajetreado en la empresa. Continuamente sonando el teléfono y pidiéndome alguna tarea más. ¡Quiero irme ya a casa! Pero justo cuando empiezo a recoger mis cosas, te veo entrar a mi despacho.

(Ella) Te saludo sonriente, pues veo que no ha sido un buen día para ti. “Traigo estas carpetas, a pedido del jefe… me dijo que las ojearas mañana a primera hora”.

(Él) Cuando te veo entrar tan deslumbrante, mi cansancio se evapora al instante. “Gracias, mañana las veré”, te digo guiñándote un ojo y apoyándolas sobre el escritorio. Te invito a sentarte, pero en un torpe descuido mío, desparramo todos los papeles…

(Ella) Me apresuro a inclinarme para recogerlos y tú también lo haces. Nos reímos infantilmente y me dices “¿Todavía queda mucha gente en el edificio?”. “Sí, bastante. Hoy parece ser un día interminable…

(Él) Veo el brillo inequívoco de tus ojos y, osadamente echo llave a la puerta. Me observas y sé que recuerdas aquel encuentro que tuvimos hace ya bastante tiempo. Me miras y sonríes…

(Ella) En tu actitud decidida, descubro que el instinto despierta en mí, y decido seguirte el juego. No creo que te atrevas a nada, sabiendo que afuera hay empleados trabajando aún.

(Él) Dejando los papeles abandonados en el piso, me acerco a ti y te tomo por la cintura. “Desafiemos el peligro”, te digo, pero no te dejo responder, porque mi boca ya está sobre la tuya.

(Ella) Sin saber cómo me dejo convencer, respondo a tus solícitos besos. Con fuerza, despejas de un manotazo la superficie del escritorio y me subes a él. Mi falda breve te facilita el trabajo… ya no soy consciente de los pasos apresurados en el pasillo exterior.

(Él) ¡Cómo me gustas! Despiertas en mí todos los demonios con tu natural sensualidad. Te deseo y quiero que tú también me desees. Veo que lentamente te dejas cautivar por mis arrumacos y mis besos.

(Ella) Tu experticia en juegos eróticos me asombra una vez más. Logras que la locura me invada y te arranque la ropa, tirándola al suelo, sobre los papeles.

(Él) Mi sexo está ardiendo, nena”, te digo. Y no dudas en besar a mi fiel compañero de batallas, volviéndolo totalmente tieso y enardecido.

(Ella) No sé cómo logras enloquecerme así… aun sabiendo el riesgo que corremos. De repente, oigo calmarse los pasos allí afuera… se están retirando todos y apagando las luces. “Ya no hay tiempo, debemos salir o nos dejarán encerrados”, te digo con repentino apremio.

(Él) ¡Qué inoportuno!”, me quejo. No tengo más remedio que vestirme apresuradamente y reunir los elementos dispersos en el previo instante de locura. Me cuesta abrochar mi abultado pantalón, pero en pocos minutos logramos recobrar un aspecto presentable e inocente.

(Ella) Retoco rápidamente mi peinado y mi maquillaje y te pido la llave para salir, un tanto confundida y ruborizada.

(Él) A la salida no te me escaparás”, sentencio. Y luego de dejar el despacho ordenado, te tomo la mano buscando la puerta de salida principal. “Taxiii!!”, grito ya en la calle. Es una pena que aquí no nos permitan hacer horas extras…

Fiesta en La Hoguera

La habitación está en completo silencio. Aún no ha comenzado la fiesta... Aguardo a que lleguen mis invitados, entretanto dispongo los adornos decorativos, distribuyo las copas sobre la larga mesa, alrededor de la gran torta alusiva...

Busco entre mis CDs alguna música suave para acompañar mis sensaciones, que ya están despertando... Ya casi es la hora!

Oigo un coche detenerse en mi portal. Risas y tacones que se acercan. Llegan los primeros, muy puntuales: Yedra y Yago tomados del brazo, Encantadora de Demonios con un vestido muy escotado, Susy de la mano de Jose el taxista, guapos y felices.

Sendieva con una preciosa sonrisa y su cabello ondulado lleno de brillos... la tierna Natacha me regala flores... Embrujada, siempre tan dulce, trae bombones para todos.

Cálida Sirena, con un hermoso collar de perlas que resalta su natural sensualidad; Reina luciendo un minivestido negro y altos tacones; Dulce con una mirada de satisfacción que delata el momento íntimo vivido antes de venir... ¡qué bellas se las ve!

También entran "ellos", los galanes... Max, Protos, Mr. Bonkei, Hydro, Don Juan de Marco, Touchè, Tsuki, Catman, con sus trajes de gala, saludando gentilmente a las damas, que siguen llegando.

Patry Gold, Belita, Arkantis visten unos bellos modelos exclusivos que resaltan sus armoniosas figuras. Susana se escapó de La Cueva exclusivamente para asistir, y aquí viene con esa sonrisa cautivadora.

Indra accede del brazo del Poeta Santiago; Blue, de la mano de Tigris. Cemanaca con su chico se acerca a los presentes, saludándolos con cordiales besos. Mary, Belén y Lydia no podían faltar, tan elegantes y fragantes de juventud. Cada uno va tomando su copa...

Lolita y el Profesor caminan tímidamente, pero al poco tiempo se unen a las risas de los demás. Salvador Pliego tiene reservado un bellísimo poema para recitar a medianoche. Virginia y Hernán, acompañados por Malena, dispuestos a disfrutar de la velada, con miradas sonrientes.

Rebelde y Mentes Sueltas hacen su ingreso junto a Amie y Pantera Blanca, quienes dejan sus leves abrigos en el perchero, descubriendo sus bellos hombros... AriaDna, con su vestido vaporoso, del brazo de Kaisser, qué sexies! Medea, Verbo, Susy y Sensaciones Encontradas se reúnen a compartir sus tragos y risas con Toro Salvaje, El Adorador, Belmar y Yardan.

Oh, ahora que las veo... Diana, M@r, Danielle y Morena ya están bailando sensualmente sobre el piano de cola, copa en mano...

Mmmmmm... creo que estamos casi todos... Entran otros ángeles y demonios, que siempre son bienvenidos a mi hoguera, y hoy especialmente a mi festejo. Le bajo el volumen a la música para dirigirme a todos:

-Amigos míos, les doy las gracias profundamente... por haberme acompañado durante este año... por haber mantenido encendido el fuego de mi hoguera y por continuar avivando la pasión en cada letra, en cada susurro... Alcemos nuestras copas y brindemos por la amistad!

-Por la amistad!!! -corean todos. Se oye el chinchinear de cristales y se apuran los tragos...

Todos bebemos el champagne helado... la música se renueva, contagiando el ritmo entre los asistentes. Y comienza el baile, estalla la fiesta.







A todos mis amigos les digo -además de "gracias"- que no se olviden de llevarse este pequeño souvenir que Rebecca les obsequia con mucho aprecio...

Brillo de luna

"El cuarto estaba oscuro... Belita dormía desnuda entre las sábanas, su cuerpo tendido y diáfano, sus nalgas hermosamente vestidas de sudor... me acerco y dejo que una de mis manos recorran la desnudez suave y fragante... que me invita a probar el sabor de su piel... y mi lengua se acerca a sus nalgas y las dibuja con suma delicadeza. Belita despierta y mirándome a los ojos..."


(Así comienza esta fantasía de Don Juan de Marco, que a su pedido, Rebecca continúa con las siguientes líneas...
)


Una cálida corriente despierta a Belita, con una suavidad extrema. Abriendo lentamente los ojos, ronronea... y luego de mirar por un instante los ojos de su amante, simula volver a dormirse. Sus sentidos quieren entregarse a aquel juego apasionado que con suma lentitud despierta una a una sus células.

Con sus nalgas húmedas por el recorrido que Don Juan ha marcado con su lengua, gira sobre su espalda, tendida con placidez. Lo insta a continuar su paseo por la tersura de sus piernas, por la suavidad de su vientre que, poco a poco, se enciende.

Sonríe, como si un mundo placentero ocupara sus sueños, entretanto va perdiendo ese relax al que fuera sometida en su previo momento onírico. Intenta permanecer laxa, pues disfruta enormemente de los besos del hombre, sin embargo, la urgencia la invade y comienza a responder a los estímulos.

Don Juan contempla embelesado la transformación del cuerpo de Belita... sus pezones se erizan, sus labios dibujan un rictus de deseo... gotas perladas riegan sus ingles. Busca a tientas el miembro de su hombre y lo acaricia, lenta, muy lentamente... Aún conserva los ojos cerrados, pues teme que el sueño se desvanezca.

Fundidos en un abrazo, sus cuerpos se compenetran, se huelen, se reconocen. La noche apenas comienza y ha traído un manojo de deseo que ha derramado sobre sus pieles, desde el fulgor más íntimo de las estrellas. Brilla la luna... fulguran sus ojos... y la pasión ya es una sola, única, imperecedera, voraz...


(Fantasía de Don Juan de Marco, dedicada a Belita)

Desnudas su alma, desnudas su cuerpo

Desnudas su alma

te adentras en ella

percibes sus ojos

y su suspirar.

Despacio te acercas,

quieres conquistarla

sutil coqueteo

le hace temblar.

Rendida a tu encanto

fluye entre tus brazos

saborea tus besos

tú absorbes su sal.

Desnudas su cuerpo

ebrio de fragancias,

tu boca la busca

bebes su humedad.

Miradas certeras

lenguas enlazadas

tu sexo en el suyo

su piel en tu mar.

La noche serena

estalla en el pecho...

desnudas su alma

se abraza a tu paz.

(Dedicado a El Adorador y a su musa inspiradora)

Estallando juntos - Se dejan deshojar

Mundo sensual y ternura

que acompañan tu mirada

me cautivan.

De miel son tus besos,

de seda tus manos

que me inspiran.

Lienzo blanco es mi cuerpo

que tus pinceles de fuego

ardor incitan.

Tatuado en mi piel

húmeda de pasión

en mí vibras.

Loco torbellino interior

tus sentidos seduce

mi pasión anima.

Inquieta lengua un volcán es,

que me consume

con lascivia.

Mi locura es... tu locura,

estallando juntas...

en la cima.

( Rebecca 20 - 03 - 09 )


Juegan tus sentimientos

con la brisa

y lenta, muy lentamente

se dejan deshojar

como las flores .

Y pierdes

en tus deseos

las razones,

lo mismo que

juegan en tu cuerpo

las pasiones .

Y en tu desear

siempre más,

está el sentido

de que mis labios

llenen tus anhelos

y mi lengua

que arde como fuego

encuentre el camino prometido.

Comienza a sentir,

no te resistas,

y funde tu piel

junto a la mía

y sintamos

que nada hay en la vida

más allá,

de estas sensaciones .

( Mr . Bonkei 26 - 03 - 09 )


(Ensamble poético creado en conjunto con Mr. Bonkei)

Dormir desnuda






Amo dormir desnuda.
Amo sentir el roce suave de las sábanas de raso deslizándose sensuales sobre mi piel.

Pliegues sedosos me acarician, me envuelven, me protegen.
Imagino que son tus manos, que recorren cada rincón de mi ser en mis noches solitarias, esas noches en que tardo en conciliar el sueño por pensar en ti, al recordar tus dulces besos.

Acaríciame una vez más... ahuyenta mis temores... regálame tu paz...

Déjame anidar entre tus velas ancladas en el mar de mi pecho, reinventando la magia de la noche, sintiéndote aquí... en el propio centro de mi corazón y de mi mente...

Amo dormir desnuda, pero a tu lado. Y hoy estoy sola bajo estas sábanas de seda.